Maranatha

Sabía que vendrías

–Mi amigo no ha regresado del Campo de Batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo – dijo un recluta a su teniente mientras se pasaba lista al batallón.

-Permiso denegado”– replicó el oficial, – “no quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto”-.

–INSISTO, MI TENIENTE– Levantó la voz el raso soldado- NO DEJARÉ A MI COMPAÑERO SOLO, EN MEDIO DE ESE INFIERNO.

– ¿Acaso no me oyó soldado? No se atreva a romper fila, o lo lamentará el resto de su vida.

El joven militar, no haciendo caso a la prohibición, salió corriendo, dejó todo atrás pues sabía que su amigo estaba en serios problemas. Había algo mucho más importante que el miedo, que el cansancio, que el dolor… no hay tiempo para esas debilidades cuando de ayudar a un amigo se trata.

Proverbio 18:24 Algunas amistades se rompen fácilmente, pero hay amigos más fieles que un hermano. (DHH 1994)

Tener un amigo siempre es bueno, y quien lo sabe muy bien es el gran David, quien tuvo una amistad de aquellas con su cuñado Jonatán hijo del rey Saúl. Todo comenzó cuando David era un muchacho, luego de haber enfrentado al gigante filisteo y haberlo derrotado, llevó la cabeza de Goliat a Saúl. Fue en esa ocasión donde la valentía y el deseo de servir a Dios los unió de por vida

1 Samuel 18:1 Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo.

Un amigo no solamente es con el que te la pasas bien, también es aquel que está en los momentos difíciles, aquel que te acerca a Dios y te aleja de los vicios, problemas y engaños, porque es quien quiere lo mejor para ti.

Aun es quien te dirá lo que muchas veces no deseas escuchar y se arriesgará a que te enojes con tal de mostrarte que vas por camino equivocado, y no dudará en entrar en un conflicto contigo con el fin de ayudarte. Como está escrito:

Proverbios 27:17 Hierro con hierro se aguza; Y así el hombre aguza el rostro de su amigo.

Pero también es quien se despojará de sus bienes, incluso de sus privilegios con tal de conservar tu amistad, en este tipo de amor fraternal no hay lugar para la envidia, el rencor o el egoísmo. La Biblia nos cuenta como Jonatán que era el más seguro heredero al trono de Saúl su padre, le dio todo su apoyo a David porque sabía que Dios le había ungido como el próximo rey de Israel, y no tuvo envidia de aquello.

1 Samuel 18:3 E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo. 4 Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte.

Cuando debió escoger entre su padre o su amigo David, Jonatán no dudó, porque sabía que David servía al Dios todopoderoso mientras que Saúl había rechazado al Señor con su desobediencia e insensatez. Ayudo a David a escapar y ocultarse cuando Saúl su padre lo perseguía para eliminarlo del mapa.

Fue tan fuerte el amor que había entre estos dos valientes hombres de Dios que cuando Jonatán muere en batalla, David siente un profundo dolor a causa de su fiel compañero:

2 Samuel 1:25 ¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! ¡Jonatán, muerto en tus alturas! 26 Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, Que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor Que el amor de las mujeres. 27 ¡Cómo han caído los valientes, Han perecido las armas de guerra!

Cristo nos ofrece su maravillosa amistad, Él llegó a dar su vida por nosotros, sus amigos, mostrando su amor incondicional e infinito. Verdaderamente es bueno tener buenos amigos, la pregunta es ¿Somos nosotros buenos amigos para otros?

Luego de un par de horas el soldado regresó muy mal herido, a duras penas cargando el cuerpo de su fallecido amigo. El oficial furioso le gritó en la cara – ¡AHORA TENGO UN CADÁVER Y UN HOMBRE A PUNTO DE MORIR, LE DIJE QUE NO VALÍA LA PENA VOLVER A BUSCAR UN HOMBRE MUERTO!-.

El joven miró a su teniente, con la cara llena de una extraña mezcla de sangre y lágrimas, y le dijo: -Claro que sí, señor, cuando lo encontré aún estaba vivo y pudo decirme al oído, “¡Sabía que vendrías!”.

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