1Jn 5:14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa conforme á su voluntad, él nos oye.
1Jn 5:15 Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado.
La voluntad de Dios es algo que no consideramos al momento de hacer nuestras peticiones al orar; teniendo una necesidad nos vemos en una incómoda situación cuando no recibimos lo que pedimos, lo que puede terminar en que nos desesperemos mientras no recibamos respuesta.
Sin embargo, cuando recordamos a Santiago, no entendemos lo que quiso decirnos en su carta.
Stg 4:3 Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.
Puesto que Santiago nos dice que pedimos mal, porque lo que pedimos lo hacemos para nosotros mismos, tenemos la tendencia a la “humildad”, al recordar las palabras de Jesús, cuando era próximo a su sacrificio.
Mat 26:39b “Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú.”
El decirle a Dios que sobre nuestros deseos están los de Él, es algo que muchas veces podemos decir sin entender la dimensión de las palabras que Jesús dijo. Es decir que nuestros deseos no son más importantes que la voluntad de Dios, aunque ni siquiera sabemos bien cuál sea su voluntad.
Mat 6:10 Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
Entonces, cuando vemos que no recibimos lo que pedimos, pensamos, “quizás no es la voluntad de Dios”, o “lo estoy pidiendo mal”.
Pero, ¿será que no es la voluntad de Dios el darnos lo que pedimos, aun cuando esto no es por avaricia ni por envidia, sino algo justo y realmente necesario? Quizás si consideramos qué es su voluntad, sabríamos inmediatamente si lo que pedimos lo estamos pidiendo bien, ya que no siempre pedimos mal, pero sí pedimos sin considerar cuál es la voluntad de Dios.
Dios nos muestra cuál es su voluntad hacia nosotros, la cual no consideramos, pero es clara, y aunque parezca un juego de palabras, “su voluntad es que nuestra voluntad sea orientada a su voluntad”.
Dicho esto, lo que Dios demanda de nosotros, es que lo que hagamos para él sea hecho voluntariamente y no por imposición ni conveniencia.
“Leeré más la Biblia para que Dios me responda”
“Iré más a la iglesia para que Dios me responda”
“Me portaré mejor con mis padres o mis hijos para que Dios me responda”
Son frases que acostumbramos a ejecutar muchas veces incluso sin decirlas directamente. Tenemos la tendencia a portarnos mejor cuando queremos que Dios nos dé lo que le pedimos en oración; leemos, ayunamos y oramos más cuando necesitamos que cuando nos sentimos bendecidos por Dios.
Más si hiciésemos las cosas conforme a su voluntad, siempre pediríamos como a Dios agrada que pidamos y según su voluntad. Ya que al hacer así, solo pensaríamos en cómo agradarle, por lo que nuestra necesidad material pasaría a un segundo plano y solo nos importaría estar siempre con Dios.
La Biblia nos muestra que si bien, el pueblo de Israel tenía leyes que cumplir, en lo que a la relación personal del judío con Dios se refiere, no había nada impuesto, sino que cada persona debía obrar de su voluntad.
Éxo 25:2 Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda: de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda.
El mandato era, en este caso, que se diera ofrenda, pero no una cantidad impuesta, sino la que cada persona, de su voluntad, considerase dar. Esto es reflejado en el relato de Caín y Abel, nótese la diferencia en la actitud de la ofrenda de Caín respecto a la de Abel.
Gén 4:3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Dios.
Gén 4:4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, y de su grosura. Y miró Dios con agrado a Abel y a su ofrenda;
Gén 4:5 Mas no miró propicio a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.
En este relato, no había mandato de Dios sobre esa ofrenda, ya que no había ley de Moisés, sin embargo, la diferencia es notoria, ya que la voluntad de Caín fue sacar de lo que tuvo a mano, mientras que Abel sacó de lo mejor que tenía, eso es “de su grosura”.
Por esto, Dios se agradó más con la ofrenda de Abel, porque él quería agradar a Dios de corazón, mientras que Caín solo en apariencia, casi por cumplir. Quizás si Caín no hubiese ofrecido a Dios, no habría pasado nada de lo que pasó después, ya que no era algo que Dios haya estado pidiendo sino que ambos de su voluntad trajeron su ofrenda. Pero si ofrecemos algo a Dios, más que nuestra ofrenda, Dios mirará nuestro corazón, por lo que no podremos engañarle pretendiendo que parezca que le amamos.
Es claro que el hacer voluntariamente las cosas no significa que las hacemos con amor.
Co 13:3 Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
Por lo que no podemos pensar que estamos “cumpliendo nuestra parte” y que por eso recibiremos de Dios la respuesta a nuestra oración.
Es necesario que entendamos que Dios no necesita cosa alguna de nosotros, por lo que no tenemos que pensar que estamos “cumpliendo con nuestra parte” al hacer ofrenda a Dios, y que nuestra mayor ofrenda no es hacia nosotros mismos sino a Él; el orar, ayunar, leer o cantar a Dios es solo una parte en nuestra vida que nos sirve para llevar a Cristo a los demás y no podemos pensar que su voluntad se limita a nosotros mismos.
La Biblia nos muestra más de esto, que todo lo que hagamos para Dios sea de voluntad, pero esa voluntad no es “porque yo quiero” sino que mi gozo es hacer su voluntad.
La palabra hebrea que usa la Biblia para “voluntad” es ratsown, que puede traducirse como placer, deleite, buena voluntad.
Por lo que el mismo pasaje de Éxodo 25:2 podría escribirse así:
Éxo 25:2 Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda: de todo varón que la diere de su deleite, de corazón, tomaréis mi ofrenda.
Es diferente cuando hacemos un acto a Dios que para nosotros sea un deleite, que nos sea placentero el hacer su voluntad, no es lo mismo obedecer a Dios que deleitarnos en Dios.
Cuando nos llenamos de su Palabra, nuestros pensamientos cambian y sentimos un deseo de estar con Dios, ya no por necesidad, sino porque nos gusta estar con Él, porque no sentimos nada incompleto junto a Él y se vuelve lo más placentero y deleitable del mundo el estar en su presencia, porque queremos saber cómo agradarle y no cómo obedecerle.
Sal 84:10 Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos: Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad.
Cualquier persona puede ser obediente, pero no todos obedecen para agradar a su señor, sino por cumplir o por conseguir un pago.
Nuestro deseo debe ser el del salmista, escoger estar en la presencia de nuestro Señor antes que en cualquier otro lugar, porque si es nuestro deseo estar día y noche en su presencia, quiere decir que le amamos y que nos deleitamos en Él, en su ley, en su Palabra, en su verdad.
Cuando llegamos a amar a Dios, no nos importa la opinión del mundo entero, sino solo que nuestro Dios esté alegre con lo que hacemos por Él, hacer algo por Él es hacerlo por nuestros hermanos.
Cuando no tenemos en nuestro corazón el deseo de agradar a Dios, lo entristecemos.
Efe 4:30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención.
Pero si le buscamos de corazón, sabremos qué cosas debemos evitar hacer para no entristecer a Dios, porque la llenura de su Palabra que nos da su lectura diaria nos recuerda en todo momento qué cosas son agradables a Dios.
Deu 23:21 Cuando prometieres voto al Señor tu Dios, no tardarás en pagarlo; porque ciertamente lo demandará el Señor tu Dios de ti, y habría en ti pecado. Deu 23:22 Mas cuando te abstuvieres de prometer, no habrá en ti pecado. Deu 23:23 Guardarás lo que tus labios pronunciaren; y harás, como prometiste al Señor tu Dios, lo que de tu voluntad hablaste por tu boca.
En ocasiones hacemos promesas innecesarias a Dios, tomando erróneamente una actitud en la que parece que estamos pagando a Dios por su favor, siendo que Él nos lo da gratuitamente.
Debemos dejar de buscar a Jesús solo cuando tenemos necesidad material, ya que nuestra alma le necesita aún más que nuestro cuerpo, por lo que debemos tener este sentir en nosotros…
Sal 42:2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: Cuándo vendré, y pareceré delante de Dios!
¿Cómo saciamos nuestra alma de Dios?