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Hágase conforme a tu voluntad PDF Imprimir E-mail
Lunes, 30 de Marzo de 2015 14:43

 

HÁGASE CONFORME A TU VOLUNTAD

 

1Jn 5:14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa conforme á su voluntad, él nos oye.

1Jn 5:15 Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado.

 

La voluntad de Dios es algo que no consideramos al momento de hacer nuestras peticiones al orar; teniendo una necesidad nos vemos en una incómoda situación cuando no recibimos lo que pedimos, lo que puede terminar en que nos desesperemos mientras no recibamos respuesta.

Sin embargo, cuando recordamos a Santiago, no entendemos lo que quiso decirnos en su carta.

Stg 4:3 Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vu

estros deleites.

Puesto que Santiago nos dice que pedimos mal, porque lo que pedimos lo hacemos para nosotros mismos, tenemos la tendencia a la “humildad”, al recordar las palabras de Jesús, cuando era próximo a su sacrificio.

Mat 26:39b “Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú.”

El decirle a Dios que sobre nuestros deseos están los de Él, es algo que muchas veces podemos decir sin entender la dimensión de las palabras que Jesús dijo. Es decir que nuestros deseos no son más importantes que la voluntad de Dios, aunque ni siquiera sabemos bien cuál sea su voluntad.

Mat 6:10 Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

Entonces, cuando vemos que no recibimos lo que pedimos, pensamos, “quizás no es la voluntad de Dios”, o “lo estoy pidiendo mal”.

Pero, ¿será que no es la voluntad de Dios el darnos lo que pedimos, aun cuando esto no es por avaricia ni por envidia, sino algo justo y realmente necesario?

Quizás si consideramos qué es su voluntad, sabríamos inmediatamente si lo que pedimos lo estamos pidiendo bien, ya que no siempre pedimos mal, pero sí pedimos sin considerar cual es la voluntad de Dios.

Dios nos muestra cuál es su voluntad hacia nosotros, la cual no consideramos, pero es clara, y aunque parezca un juego de palabras, “su voluntad es que nuestra voluntad sea orientada a su voluntad”.

Dicho esto, lo que Dios demanda de nosotros, es que lo que hagamos para él sea hecho voluntariamente y no por imposición ni conveniencia.

Leeré más la Biblia para que Dios me responda

Iré más a la iglesia para que Dios me responda

Me portaré mejor con mis padres o mis hijos para que Dios me responda

Son frases que acostumbramos a ejecutar muchas veces incluso sin decirlas directamente. Tenemos la tendencia a portarnos mejor cuando queremos que Dios nos dé lo que le pedimos en oración; leemos, ayunamos y oramos más cuando necesitamos que cuando nos sentimos bendecidos por Dios.

Más si hiciésemos las cosas conforme a su voluntad, siempre pediríamos como a Dios agrada que pidamos y según su voluntad.

Ya que al hacer así, solo pensaríamos en cómo agradarle, por lo que nuestra necesidad material pasaría a un segundo plano y solo nos importaría estar siempre con Dios.

La Biblia nos muestra que si bien, el pueblo de Israel tenía leyes que cumplir, en lo que a la relación personal del judío con Dios se refiere, no había nada impuesto, sino que cada persona debía obrar de su voluntad.

Éxo 25:2 Di á los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda: de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda.

El mandato era, en este caso, que se diera ofrenda, pero no una cantidad impuesta, sino la que cada persona, de su voluntad considerase dar.

Esto es reflejado en el relato de Caín y Abel, nótese la diferencia en la actitud de la ofrenda de Caín respecto a la de Abel.

Gén 4:3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda á Dios.

Gén 4:4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, y de su grosura. Y miró Dios con agrado á Abel y á su ofrenda;

Gén 4:5 Mas no miró propicio á Caín y á la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.

 

En este relato, no había mandato de Dios sobre esa ofrenda, ya que no había ley de Moisés, sin embargo la diferencia es notoria, ya que la voluntad de Caín fue sacar de lo que tuvo a mano, mientras que Abel sacó de lo mejor que tenía, eso es “de su grosura”.

Por esto Dios se agradó más con la ofrenda de Abel, porque él quería agradar a Dios de corazón, mientras que Caín solo en apariencia, casi por cumplir.

Quizás si Caín no hubiese ofrecido a Dios, no habría pasado nada de lo que pasó después, ya que no era algo que Dios haya estado pidiendo sino que ambos de su voluntad trajeron su ofrenda. Pero si ofrecemos algo a Dios, más que nuestra ofrenda, Dios mirará nuestro corazón, por lo que no podremos engañarle pretendiendo que parezca que le amamos.

Es claro que el hacer voluntariamente las cosas no significa que las hacemos con amor.

Co 13:3 Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

 

Por lo que no podemos pensar que estamos “cumpliendo nuestra parte” y que por eso

recibiremos de Dios la respuesta a nuestra oración.

 

Es necesario que entendamos que Dios no necesita cosa alguna de nosotros, por lo que no

tenemos que pensar que estamos “cumpliendo con nuestra parte” al hacer ofrenda a Dios,

y que nuestra mayor ofrenda no es hacia nosotros mismos sino a Él; el orar, ayunar, leer o cantar a Dios es solo una parte en nuestra vida que nos sirve para llevar a Cristo a los demás y no podemos pensar que su voluntad se limita a nosotros mismos.

 

La Biblia nos muestra más de esto, que todo lo que hagamos para Dios sea de voluntad, pero esa voluntad no es “porque yo quiero” sino que mi gozo es hacer su voluntad.

 

La palabra hebrea que usa la Biblia para “voluntad” es ratsown, que puede traducirse como placer, deleite, buena voluntad.

Por lo que el mismo pasaje de Éxodo 25:2 podría escribirse así:

 

Éxo 25:2 Di á los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda: de todo varón que la diere de su deleite, de corazón, tomaréis mi ofrenda.

Es diferente cuando hacemos un acto a Dios que para nosotros sea un deleite, que nos sea placentero el hacer su voluntad, no es lo mismo obedecer a Dios que deleitarnos en Dios.

Cuando nos llenamos de su Palabra, nuestros pensamientos cambian y sentimos un deseo de estar con Dios, ya no por necesidad, sino porque nos gusta estar con Él, porque no sentimos nada incompleto junto a Él y se vuelve lo más placentero y deleitable del mundo el estar en su presencia, porque queremos saber cómo agradarle y no cómo obedecerle.

 

Sal 84:10 Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos: Escogería antes estar á la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad.

 

Cualquier persona puede ser obediente, pero no todos obedecen para agradar a su señor, sino por cumplir o por conseguir un pago.

Nuestro deseo debe ser el del salmista, escoger estar la presencia de nuestro Señor antes que en cualquier otro lugar, porque si es nuestro deseo estar día y noche en su presencia, quiere decir que le amamos y que nos deleitamos en Él, en su ley, en su Palabra, en su verdad.

 

Cuando llegamos a amar a Dios, no nos importa la opinión del mundo entero, sino solo que nuestro Dios esté alegre con lo que hacemos por Él, hacer algo por Él es hacerlo por nuestros hermanos.

 

 

Cuando no tenemos en nuestro corazón el deseo de agradar a Dios, lo entristecemos.

 

Efe 4:30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención.

 

Pero si le buscamos de corazón, sabremos qué cosas debemos evitar hacer para no entristecer a Dios, porque la llenura de su Palabra que nos da su lectura diaria nos recuerda en todo momento qué cosas son agradables a Dios.

 

Deu 23:21 Cuando prometieres voto al Señor tu Dios, no tardarás en pagarlo; porque ciertamente lo demandará el Señor tu Dios de ti, y habría en ti pecado.

Deu 23:22 Mas cuando te abstuvieres de prometer, no habrá en ti pecado.

Deu 23:23 Guardarás lo que tus labios pronunciaren; y harás, como prometiste al Señor tu Dios, lo que de tu voluntad hablaste por tu boca.

 

En ocasiones hacemos promesas innecesarias a Dios, tomando erróneamente una actitud en la que parece que estamos pagando a Dios por su favor, siendo que Él nos lo da gratuitamente.

Debemos dejar de buscar a Jesús solo cuando tenemos necesidad material, ya que nuestra alma le necesita aún más que nuestro cuerpo, por lo que debemos tener este sentir en nosotros…

 

Sal 42:2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ­Cuándo vendré, y pareceré delante de Dios!

 

¿Cómo saciamos nuestra alma de Dios?

 

Jua 4:14 Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

 

La Palabra de Dios nos dará diariamente el agua de vida para nuestra alma; son el ejemplo y las palabras de Jesús mejores que todo bien material y que toda ayuda humana.

Teniendo la Palabra de Dios en nuestro andar diario, nos sentiremos llenos, vivos y tendremos una nueva necesidad, la de compartir a quienes nos rodean de la alegría de ser hechos hijo de Dios.

 

Esto hará que nuestra voluntad sea resumida en el deseo de todo lo que la Palabra de Dios nos ha querido enseñar y que nos dará verdadera felicidad.

 

 

Mar 12:30 Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas; este es el principal mandamiento.

Mar 12:31 Y el segundo es semejante á él: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.

 

 

Y volveremos con esto a lo que desde el principio debimos haber deseado sea hecho en todo lugar.

 

Mat 6:10 Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

Porque ésta es su voluntad, que le amemos, porque Él nos amó primero.

Que sea nuestro deseo constante el estar con Jesús, aprender de su Palabra y agradarle en todo momento, que a cada persona que veamos queramos mostrarle que Cristo le ama también y que no hay mayor felicidad que esta, el hacer su voluntad.

 

Sal 40:8 El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado; Y tu ley está en medio de mis entrañas.

 

Cuando ponemos nuestro corazón de manera sincera a hacer la voluntad de Dios, podemos considerar oída nuestra oración y hecha nuestra petición, por cuanto nos dice el Señor...

 

Sal 91:14 Por cuanto en mí ha puesto su voluntad, yo también lo libraré: Lo pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

Sal 91:15 Me invocará, y yo le responderé: Con él estaré yo en la angustia: Lo libraré, y le glorificaré.

Sal 91:16 Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación.

 

 

Cuando nos deleitamos en hacer la voluntad de Dios, le amamos.

En nuestro pensamiento solo habrá espacio para el amor, para su alabanza y para la felicidad, podremos al fin contentarnos de manera sincera con el hecho de tener comida y vestido y ya no habrá más aflicciones ni preocupaciones por el día que vendrá, sino que entenderemos que cada día en Cristo es un regalo, por eso se llama presente.

Disfrutaremos de su paz, de su amor y su hartura, estaremos siempre gozosos y agradecidos de que nos tenga en donde él nos quiera tener, sea en lo alto o en lo bajo, en llenura o escases, nada importará, porque le amamos y nuestro deseo solo será estar con él, habremos recuperado nuestro primer amor.

Porque habremos recordado que su Palabra nos dice:

 

Apo 2:4 Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor.

Apo 2:5 Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré presto á ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.

 

Miraremos nuestras obras y diremos, ciertamente esto no hace feliz a mi amado, entenderemos que la falta de respuesta por parte de Dios no es por pedir mal, sino porque nuestra voluntad no era agradarle, y haremos nuestras las palabras del salmista, el cual, en su angustia pensaba “¿desechará Dios para siempre”?, mas al reflexionar como él dijo nosotros también diremos:

 

Sal 77:10 Y dije: Enfermedad mía es esta; Traeré pues á la memoria los años de la diestra del Altísimo.

Sal 77:11 Me acordaré de las obras de Dios: Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas.

Sal 77:12 Y meditaré en todas tus obras, Y hablaré de tus hechos.

 

Entonces nuestra petición ya no será más, porque nuestra única necesidad real será suplida, estaremos junto a nuestro amado y nuestro único deseo será el que otros también se acerquen a él… haremos bien a nuestro prójimo, daremos testimonio de ser verdaderos hijos de Dios y haremos notorio entre las personas que Cristo es vida y felicidad para todo el que quiera recibirle.

Entonces nuestro corazón entonará alabanzas de gratitud a nuestro Dios, el cual nunca se alejó de nosotros, sino que nos llamó cada día mientras nosotros nos alejábamos de él pensando que no nos respondía y nos afligíamos en nuestra necesidad.

 

Entonces al hacer cualquier petición, la haremos conforme a su voluntad y tendremos certeza de que nuestras oraciones serán oídas.

 

Y ya nuestra prioridad será otra, no solucionar nuestros problemas, sino predicar a Cristo a los demás.

 

Sal 143:1 Salmo de David. OH Dios, oye mi oración, escucha mis ruegos: Respóndeme por tu verdad, por tu justicia.

Sal 143:2 Y no entres en juicio con tu siervo; Porque no se justificará delante de ti ningún viviente.

Sal 143:3 Porque ha perseguido el enemigo mi alma; Ha postrado en tierra mi vida; me ha hecho habitar en tinieblas como los ya muertos.

Sal 143:4 Y mi espíritu se angustió dentro de mí; se pasmó mi corazón.

Sal 143:5 Me acordé de los días antiguos; Meditaba en todas tus obras, Reflexionaba en las obras de tus manos.

Sal 143:6 Extendí mis manos á ti; Mi alma á ti como la tierra sedienta.

Sal 143:7 Respóndeme presto, oh Dios que desmaya mi espíritu: No escondas de mí tu rostro, Y venga yo á ser semejante á los que descienden á la sepultura.

Sal 143:8 Hazme oír por la mañana tu misericordia, Porque en ti he confiado: Hazme saber el camino por donde ande, Porque á ti he alzado mi alma

Sal 143:9 Líbrame de mis enemigos, oh Señor: A ti me acojo.

Sal 143:10 Enséñame á hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios: Tu buen espíritu me guíe á tierra de rectitud.

Sal 143:11 Por tu nombre, oh Dios me vivificarás: Por tu justicia, sacarás mi alma de angustia.

Sal 143:12 Y por tu misericordia disiparás mis enemigos, Y destruirás todos los adversarios de mi alma: Porque yo soy tu siervo.

 

Amén.

Última actualización el Sábado, 23 de Mayo de 2015 17:55